La verdadera dieta mediterránea, fuente de salud

Alimentación

La dieta mediterránea es de las más conocidas y alabadas en el mundo por sus múltiples propiedades beneficiosas para la salud. Pero, ¿sabes en qué consiste?

Solo por el hecho de comer productos de la península no estamos siguiendo la dieta mediterránea. Hay que saber seguirla. Por ello os dejamos unas pautas.

Los principales beneficios de esta dieta es que con ella, el consumo de grasa suele suponer menos del 30% de la energía total.

Y eso lo logra porque aporta los alimentos necesarios en la proporción y cantidad adecuada.

Además, favorece que el organismo funcione correctamente, y la persona pueda llevar a cabo una actividad física en función de la edad y el trabajo que desarrolle.

Por otro lado, permite mantener un peso estable y prevenir enfermedades tanto carenciales como crónicas.

¿Cómo cumplir con la dieta mediterránea?

En primer lugar, hay que emplear de forma abundante las frutas frescas y verduras, por su gran disponibilidad y variedad. Lo que supone un importante aporte de vitaminas C, E, carotenos (antioxidantes), minerales, fibra (factor fundamental en la prevención del cáncer de colon) y sustancias no nutrientes.

Por otro lado, hay que lograr un bajo consumo en carne roja, tomando fundamentalmente carnes magras y jóvenes. Esto supone un menor aporte de grasas saturadas en esta dieta.

El aporte elevado de legumbres, que poseen un alto contenido en fibra y proteínas y bajo contenido en grasas así como el gran consumo de pescado, siendo éste en gran medida azul, son otras de las pautas a seguir. Con el consumo de pescado, se logra un alto contenido de grasas poliinsaturadas y calcio en la dieta.

En cuanto al resto de carnes, es recomendable un alto consumo de aves, que contienen poca grasa y se ha visto que  la ingesta de esta carne no está relacionada con el riesgo de cáncer.

Y cómo no, la elaboración de los platos debe hacerse con aceite de oliva, que proporcionan grasas monoinsaturadas  y vitamina E (importante antioxidante).

Por último, el aporte importante de cereales e hidratos de carbono, suponiendo aproximadamente más del 60% de la energía total ingerida, con bajo consumo en azúcares simples.

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